
El grupo era Procol Harum. Su líder Gary Brooker era el que lo cantaba. El autor de la letra era Keith Reid y el organista Matthew Fisher.
Un tema hipnótico, surgido en plena psicodelia, que se ha convertido en un sello de autor. A propósito, el organista que les comentábamos, Matthew Fisher, no figuraba en los créditos del tema, aunque él aducía haber arreglado la música.
Esta cuestión le fue reclamada en su momento a Brooker, sin éxito. Los años pasaron y, finalmente en el año 2005, Matthew decide llevar el tema a la justicia inglesa que se expide a su favor en el año 2009. De este modo, independientemente de tener que figurar como autor, (además de Brooker y Reid), se determinó que un 40 % de las regalías le corresponden.
Al margen de estas cuestiones legales, a veces interminables, lo importante es que el magnetismo del tema llevó a artistas como Eric Clapton, Sarah Brightman, Annie Lennox, Willie Nelson y Joe Cocker, entre otros, a versionarlo en una especie de rendition, como dicen los ingleses. Y a nosotros, a recordarlo.
Esta cuestión le fue reclamada en su momento a Brooker, sin éxito. Los años pasaron y, finalmente en el año 2005, Matthew decide llevar el tema a la justicia inglesa que se expide a su favor en el año 2009. De este modo, independientemente de tener que figurar como autor, (además de Brooker y Reid), se determinó que un 40 % de las regalías le corresponden.
Al margen de estas cuestiones legales, a veces interminables, lo importante es que el magnetismo del tema llevó a artistas como Eric Clapton, Sarah Brightman, Annie Lennox, Willie Nelson y Joe Cocker, entre otros, a versionarlo en una especie de rendition, como dicen los ingleses. Y a nosotros, a recordarlo.
PS: como tal vez recuerde algún oyente de La Salamandra, hay una versión que nos parece fantástica: es la de Glenn Hughes y Marc Bonilla del álbum American Matador.