

Un intervalo de diez minutos marcó la separación entre esta primera parte y sus veinticinco temas, y el sube y baja emocional que se avecinaba en la segunda. Spinetta abrió recordando a Daniel Wirtz (su baterista en Los Socios del Desierto fallecido en 2008) y junto a Marcelo Torres en bajo y Javier Malosetti en batería (!) reformuló lo que el llamó "los socios del concierto". Después de esto, Invisible, con Machi Rufino y Pomo entregaron "Jugo de Lúcuma" y "Perdonado (Niño condenado)", y después, con el agregado de Lito Epumer en guitarra, hicieron "Amor de Primavera" de Tanguito. Y todavía faltaba más: Luis presentó sin anestesia a Carlos Cutaia, Black Amaya, Guillermo Vadalá en bajo y remató: "como si esto fuera poco: David Lebón". Pescado Rabioso se materializaba en la noche de Velez y "Poseído del Alba", "Hola dulce viento" (en la voz de David), "Me gusta ese tajo" (donde se sumó Bocón Frascino en guitarra) y "Post-crucifixión" fueron cuatro mazazos que nos dejaron en estado de delirio. Un estado de delirio que no hizo más que continuar cuando el F
laco, emocionado como todos nosotros que presentíamos lo que venía presentó (una vez más) a "cuatro genios": Emilio del Guercio, Rodolfo García y ("directo desde Carpintería, Provincia de San Luis") Edelmiro Molinari: Almendra. Enseguida Luis se ocupó de aclarar que había dicho "cuatro genios" porque eran tres que conformaban uno más. "Color Humano" abríó el set y la guitarra de Edelmiro volvió a electrizarnos a todos como lo hizo cuarenta años atrás, Emilio cantó "Fermín" con la emoción de siempre y la batería de Rodolfo fue un ariete en "Hermano Perro", Spinetta y se bella voz en "A estos hombres tristes", y Luis (dedicándoselo a su madre Julia, presente en el estadio, diciéndole "este es tu momento") nuevamente encendió la magia con "Muchacha ojos de papel" con su acústica y los coros de Edelmiro, Rodolfo y Emilio convirtiendo esos minutos en un instante eterno que ninguno de los que estábamos allí podrá olvidar jamás. Imposible ya reponerse, imposible ya salir del asombro, imposible no disfrutar de un Luis Alberto Spinetta que a más de cinco horas de show nos preguntaba si queríamos más y nos decía que nos invitaba a todos a su casa, tal vez sin darse cuenta de que, a través de esos viajes sutiles e imperceptibles que sólo los talentosos pueden guiar, ya nos había llevado a casa, ya nos había abierto la emoción de par en par para instalarnos en nuestro lugar. Luis lamentó no haber contado con la presencia de León Gieco, que según contó "estaba haciendo algo mucho más importante", presentando en La Habana la película Mundo Alas, pero que lo traía al show con la canción "8 de Octubre" compuesta por ambos para recordar la tragedia de los estudiantes del Colegio Ecos. Enseguida se sumó Ricardo Mollo para este tema, y para cerrar la noche todos cantamos "Seguir viviendo sin tu amor", "Yo quiero ver un tren" y "No te alejes tanto de mi". Y hubo algo más: Luis invitó a todos los que participaron en el concierto a subir al escenario vistiendo la remera de "Conduciendo a Conciencia" que recuerda la tragedia de los chicos de Ecos y repudiando la actitud de la revista de rock (?) que no publicó en forma visible la foto suya junto a Charly García vistiendo esa misma remera, y nos pidió a todos que nos uniéramos en un "fuck up" para esa revista. Cinco horas cuarenta minutos de historia en la voz inalterable de Luis Alberto Spinetta, cincuenta canciones que son parte de nuestras vidas y una reunión de músicos que difícilmente vuelva a verse, pero principalmente un festejo aniversario que más allá de los nombres, épocas y pertenencias, fue un homenaje al rock nacional. Eran las tres y media de la mañana y salíamos contentos, helados y tiritando, con la cabeza todavía llena de música buscando una calle que de alguna forma no nos alejara de las horas vividas, mientras al borde del escenario, todavía asombrado y como un símbolo, alguien disfrazado del hombre de la tapa de "Almendra 1" (hasta con la sopapa en la cabeza) no se resignaba a irse. Un par de horas antes, durante el concierto, el cielo de Velez fue surcado hacia el oeste por una estrella fugaz que no quiso perderse el momento y fue una alegórica contradicción a la permanencia que el eterno Flaco representa.